TOCAR A FACENDERA

TOCAR A FACENDERA.

Hoy os presentamos este artículo de David Díez Llamas sobre una tradición leonesa como es el «Tocar a facendera», el trabajo colectivo por el bien común algo que en estos tiempos resulta de mucho interés.

En estos tiempos de turbulencias económicas y sociales social tal vez sea oportuno recordar la costumbre que en los pueblos de la Región Leonesa había de “tocar a facendera” para cubrir las necesidades que se podían tener en un momento dado.

Esa costumbre se basaba en la consideración de que a las cosas del común había de darles solución el común de los vecinos. Reflejaba una conciencia social que se extendía más allá de la propia individualidad. No se esperaba que la solución a sus problemas llegase desde las instituciones sino que ellos mismos eran parte activa en buscarlas y en ejecutarlas. Tal vez hoy todo ello contrasta con una posición excesivamente pasiva de una población que simplemente demanda a otros que solucionen sus problemas.

Hay que tener en cuenta que la decisión de las obras a ejecutar se decidía por los propios vecinos que iban a trabajar en “facerlas”. Además dichas obras se consideraban que no sólo eran beneficiosas para el conjunto del pueblo sino que también lo eran para cada uno de ellos. Es también una costumbre propia de un medio rural que permitía una capacidad de autogestión que es complicada que pueda darse en los ámbitos urbanos.

Sin embargo hay muchas lecciones que podrían derivarse de ese modo de proceder y que tal vez convendría aplicar al momento actual de crisis económica. El primero es el sentimiento de conciencia colectiva que llevaba a la participación activa en dar respuestas a las necesidades del medio social ya sea en un plano más local o general (también nos importan lo que acontece en cualquier lugar del mundo). El segundo es la necesidad de que sea la propia población la que determine que hacer, cuando hacerlo y como hacerlo. Por ello se hace necesario que las instituciones estén legitimadas socialmente para que puedan “tocar a facendera”. No sería comprensible que una institución como la Junta de Castilla y León que nace como imposición antidemocrática a la ciudadanía leonesa y a sus instituciones (votación de 20 a 4 de la Diputación de León contraria a la presencia leonesa en esa Junta) demande colaboración desde una autoridad carente de arraigo social. Diríamos que aquellos que dan parte de su tiempo y esfuerzo para mejorar el medio social, se han ganado el derecho a tomar decisiones sobre lo que se debe hacer y como habría que hacerlo.

Su carácter temporal y el convencimiento que “o lo hacían ellos o no lo hacía nadie” evitaba cualquier consideración que se llevase a pensar que esas facenderas iban a quitar puestos de trabajo a otras personas. Si las hacían era también por la falta de recursos de las instituciones para poder llevar a cabo esas obras. En este momento habría unas circunstancias que podríamos pensar que tienen bastante que ver con las de aquellos momentos. De hecho en algunos pueblos ya se ha empezado a revitalizar está costumbre.

No hay duda de que las facenderas en la Región Leonesa contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía. En ello se dejaba ver también el valor del sacrificio y el esfuerzo por alcanzar esos objetivos. Diríamos que el medio social actual nos lleva a unos modos de conducta excesivamente acomodaticios. Por ejemplificarlo podríamos decir que es la sociedad en la que el mando a distancia evita que tengamos que levantarnos a cambiar de canal de televisión a apagarla o a encenderla. Los niños cada vez juegan más sentados con sus videoconsolas y las marcas buscan ganar mercado a través de la comodidad. Es también la civilización en la que la imagen gana peso frente a la lectura. Por eso recordar esos valores del esfuerzo en alcanzar objetivos sociales es algo especialmente importante en estos momentos. Esas personas sudaban y se sacrificaban por mejorar su pueblo. No esperaban sentados a que se lo solucionasen.

En el sentido de comunidad que se daba en la facendera no tenía en cuenta las ideas políticas de las personas que pudieran intervenir en la obra. En todo caso las diferencias se establecían por capacidad para ejecutar un determinado trabajo pero no por la ideología de las personas que intervenían en la obra. Se sabía que ello era de interés general para el pueblo y en función de ello se actuaba. Eso sí, se establecían obligaciones para que se respetase la voluntad general y evitar así que hubiera personas que no acudieran a esa llamada.

Podríamos decir que la facendera también se puede asociar a esa forma de ser de los leoneses que enlaza en alguna medida con las posiciones anarquistas que llevan a la “acción directa”.

El foso entre instituciones y ciudadanía es excesivamente grande. Es la clase política la que debe dar muestras de compromiso con la ciudadanía desde el ejemplo personal más que desde un debate ideológico que pudiera considerarse con excesivos tintes electoralistas. La confianza la depositamos fundamentalmente en personas. De ello pueden dar fe algunos alcaldes. Por eso mismo creemos que es más en el plano de las conductas y menos en el de las ideas donde debemos buscar ampliar ese marco de confianza. Desde un liderazgo que cuente con el reconocimiento social será entonces cuando se pueda efectuar un llamamiento a facendera como un instrumento efectivo de superación de los problemas actuales. Las lecciones del pasado nos pueden ayudar a construir un mundo mejor hoy.

David Díez Llamas

Sociólogo.

Podéis encontrar información sobre la actividad Facendera aquí

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